LOS MISERABLES DEL SIGLO XXI

Observatorio K.

A los pobres en Francia a comienzos del siglo XIX los apresaban por robar comida, así lo describió de forma magistral Víctor Hugo el notable escritor francés en su obra cumbre: “Los Miserables”, para ello los comisarios tenían la facultad de detener y procesar a los infractores, sin que mediara una instancia judicial, en algo se parece la Ley de Seguridad sancionada por Santos.

En la era del Neoliberalismo, la miseria descrita por el poeta, se queda en pañales frente a la que se expande hoy como una plaga y hace sus estragos por doquier. Ahora los Javert, en un país como Colombia subordinado a los intereses del gran capital, detienen a quienes desarrollan pequeñas y medianas actividades empresariales que representen una competencia para la expansión de las grandes multinacionales y para ello el gobierno a través de sus ministerios e institutos u organismos especializados dispone de todo tipo de normas y decretos orientados a este propósito, cuando no es el Congreso pusilánime al servicio de la “Unidad Nacional” el que aprueba leyes para afirmar los acuerdos de Libre Comercio suscritos con Estados Unidos y la Unión Europea.

¿O que otra justificación tiene la arremetida de las Corporaciones Regionales contra los mineros nacionales, a quienes califica de ilegales porque no les concede licencias, precisamente cuando se le entregan enormes porciones del territorio nacional en concesión con ridículas regalías a multinacionales mineras como la Anglo Gold y la Medoro Resources, en la época del mejor precio del oro?; ¿o los decretos que obligan a los paneleros, lecheros, matarifes y en general a todos los procesadores de alimentos a cumplir condiciones propias de factorías para mercados de exportación, cuando ellos escasamente aprovisionan a los barrios y el municipio que los alberga?.

¿Qué sentido tiene exigir a un criador de unos pocos pollos, disponer de un frigorífico para el sacrificio de las aves, o a un quesillero de pocas cantinas contratar de planta un ingeniero de alimentos, un laboratorista y establecer un laboratorio propio de un centro de investigación, sino es para que se quede únicamente en el mercado las multinacionales lácteas? ¿La producción de bizcocho de achira tendrá que renunciar al horno de barro para hacerlo en un sofisticado horno de acero inoxidable que satisfaga los parámetros de la producción industrial cuando estamos frente a un producto típicamente artesanal? ¿Y los vendedores ambulantes con familias que alimentar pero sin oportunidades de trabajo, tendrán que exterminarse para que no ocupen el espacio público a los tecnócratas que observan el mundo desde sus confortables oficinas y con su limitado cristal de estadísticas y ganancias?

A quienes pretenden que en el mundo solo tiene cabida los que cotizan en bolsa y ostentan enormes fortunas, se les avecina un nuevo cataclismo que no dejará piedra sobre piedra y que podría terminar enviándolos a parajes que les recuerde la prisión en que Valjan debió purgar su injusta condena.

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