Hoy, 10 de diciembre de 2025, día en que conmemoramos la declaración universal de los derechos humanos, reunidos en la ciudad de Caracas más de 500 delegadas y delegados provenientes de 50 países y de los cinco continentes, América Latina y el Caribe, África, Asia, Europa y Oceanía, y en representación de pueblos, gobiernos, parlamentos, organizaciones sindicales, juveniles, culturales, espirituales, comunales y movimientos sociales, presentamos al mundo este manifiesto de la Asamblea de los Pueblos por la Paz como trinchera y la Soberanía como canto.

MANIFIESTO DE LA ASAMBLEA DE LOS PUEBLOS POR LA PAZ COMO TRINCHERA Y LA SOBERANÍA COMO CANTO.
Hoy, 10 de diciembre de 2025, día en que conmemoramos la declaración universal de los derechos humanos, reunidos en la ciudad de Caracas más de 500 delegadas y delegados provenientes de 50 países y de los cinco continentes, América Latina y el Caribe, África, Asia, Europa y Oceanía, y en representación de pueblos, gobiernos, parlamentos, organizaciones sindicales, juveniles, culturales, espirituales, comunales y movimientos sociales, presentamos al mundo este manifiesto de la Asamblea de los Pueblos por la Paz como trinchera y la Soberanía como canto.
Un orden viejo se agrieta. Su cimiento es el miedo, su techo es la mentira; y su ley, el despojo. Ya no persuade: amenaza. Ya no convence: invade. Ha mutado en un monstruo con corbata y algoritmos, que hoy invoca como "seguridad" sus cercos militares y como "libertad", sus cadenas económicas.
Frente a este viejo orden, no basta resistir. Hay que florecer y vencer.
Porque la paz no es la quietud de los sometidos, ni la mudez de los vencidos. La paz es el nombre valiente de la lucha cuando siembra y cosecha justicia. La paz es el abrazo fraterno y soberano que se dan todos los pueblos del mundo cuando que se reconocen dignos y libres. La paz es el horizonte que entretejemos, día a día, con los hilos invisibles pero firmes de la memoria, la organización y la dignidad.
Hoy, ese horizonte tiene un epicentro: Caracas, la tierra de Bolívar. La República Bolivariana de Venezuela, laboratorio de resistencias, se convierte en faro de convocatoria. Aquí, donde una vez nació el sueño de una América unida, que nuestro padre Libertador Simón Bolívar llamó Anfictionía, hoy germina la semilla de un mundo amaneciendo.
Desde este espacio de los pueblos, reivindicamos la visión estratégica del Comandante Hugo Chávez, quien entendió antes que nadie que la paz sólo es posible en un mundo donde coexistan múltiples centros de poder, diversas civilizaciones y modelos de desarrollo soberanos. Su apuesta por la unidad e integración latinoamericana y caribeña, la alianza con África, Asia y los pueblos del mundo, y la construcción del ALBA, la CELAC y los mecanismos Sur-Sur, abrió el camino para el nuevo orden multipolar que hoy emerge con fuerza.
Nuestra América tiene una larga historia de dignidad frente al despojo, y su ejemplo más luminoso está en la resistencia del pueblo cubano, que durante más de seis décadas ha enfrentado bloqueo, invasiones, terrorismo y campañas de odio sin renunciar jamás a su soberanía. La coherencia ética y la firmeza política del Comandante Fidel Castro se convirtieron en faros para múltiples generaciones y hoy continúan inspirando las luchas que se libran en el continente.
La convocatoria de esta Asamblea nace del liderazgo consecuente del presidente Nicolás Maduro, quien, frente a la ofensiva económica, militar, mediática y diplomática contra Venezuela, decidió que no era suficiente resistir, había que unir, articular y movilizar a los pueblos del mundo para asumir la paz como una estrategia activa y ofensiva frente al imperialismo. Por ello, Caracas se transforma nuevamente en un polo de encuentro internacional que convoca a diseñar un camino común para enfrentar la guerra multidimensional que amenaza a nuestras regiones.
POR UN PACTO MUNDIAL DE LUZ Y DIGNIDAD.
Fraguado en el fuego del debate, tras el cruce de voces que tejieron análisis y urgencias, los pueblos reunidos en esta Asamblea suscribimos y elevamos este acuerdo: somos sembradores de un mundo nuevo, no somos víctimas sino los grandes creadores de la historia.
El imperialismo no es un destino, es un fuego que nuestra unidad para luchar ha de extinguir.
Nos hemos mirado a los ojos, hemos reconocido en cada rostro la misma cicatriz y la misma esperanza. Y desde esa verdad compartida, levantamos este manifiesto que no es papel, sino puño; no es retórica, sino ruta.
Hemos sido convocados a esta Asamblea de los Pueblos, que es un cónclave de auroras. Nos hemos acomunado durante los días 9, 10 y 11 de diciembre de 2025, en Caracas. La cuna de Bolívar será el crisol donde alquimizaremos el dolor en esperanza; la denuncia, en programa; y la rabia, en canción.
Nos encontramos hoy todos los que llevamos en alto un mapa de la patria, Nuestra América, en el corazón; y un futuro compartido en la mirada. Hemos llegado aquí los trabajadores de la industria y de la tierra, quienes construimos el porvenir con nuestras propias manos. Hemos llegado los trabajadores de las ideas y los sueños, los jóvenes que desmontan mentiras con creatividad; las mujeres, que sostienen el mundo; y los pueblos originarios, que resguardan el polen y la sabiduría de la Madre Tierra.
Acordamos con la fuerza de la razón y el corazón:
Primero: Declaramos que la Paz es un territorio a conquistar. Lo arrancaremos de las garras de los mercaderes de la guerra y lo plantaremos en el suelo fértil de la soberanía. Denunciamos cada base militar extranjera como una espina clavada en el cuerpo de Nuestra América. Nos comprometemos a hacer de la Paz Activa nuestra estrategia de combate. No seremos guardianes pasivos de la tregua, sino arquitectos militantes de la Convivencia Justa. Cada base militar extranjera será señalada ante el mundo como un altar para la opresión.
Nuestra defensa será a la vez, creativa y energética, poética y territorial.
Segundo: Tejeremos la verdad, hilo por hilo, para desvestir al imperio de su ropaje de ficción. Crearemos redes con palabras certeras y con belleza rebelde.
Frente a su guerra cognitiva, alzaremos un bosque de narrativas nuestras.
Construiremos la Soberanía Cognitiva como trinchera. Desmontaremos las mentiras y las noticias engañosas impuestas por los algoritmos. Crearemos una constelación de medios populares y libres, un sistema nervioso de narrativas genuinas para que la verdad no sea escamoteada y transformada en mercancía, sino en patrimonio del pueblo. Nuestro escudo será la poesía certera; nuestra
espada, el hecho veraz.
Tercero: Uniremos nuestras manos para formar un solo mundo sur. Construiremos puentes monetarios, rutas comerciales solidarias y tecnologías liberadoras. Romperemos el bloqueo no solo protestando, sino produciendo; no solo impugnando la dependencia, sino inventando nuestros nuevos modos de producir la vida. Tejeremos nuestra Independencia Económica como realidad tangible para las mayorías. Frente al bloqueo, inventaremos espacios solidarios.
Frente al dólar como arma de dominación geopolítica, erigiremos sistemas alternos y monedas con circulación en el sur mundial. La independencia será un huerto que regaremos y cosecharemos colectivamente, no un mero discurso.
Cuarto: Abrazaremos al migrante como nuestro hermano y defenderemos la Tierra como nuestro hogar. Sabemos quién criminaliza al que huye; es el mismo que incendia su casa. Nuestra lucha es una sola: por el derecho a permanecer y a florecer en nuestra tierra, con dignidad. Uniremos las luchas ecológicas y migrantes en un solo abrazo. Defenderemos a los desplazados por el hambre y la guerra, reconociendo en su éxodo las huellas del saqueo. Protegeremos la Tierra no como recurso, sino como madre. Esta causa será nuestro límite moral infranqueable.
Quinto: Haremos de Caracas la capital de los pueblos que no se rinden. Un altar donde se amparen todas las luchas del mundo; y un taller donde se forjar las nuevas victorias. En ese sentido, contribuiremos a forjar una nueva Unidad Sur-Sur con alma bolivariana. Seremos un solo cuerpo geopolítico, un poliedro de culturas que se alzan con voz propia en el concierto mundial. Construiremos un puente de acero entre el ALBA-TCP y los BRICS+.
Sexto: Entregaremos a la Juventud la llave para que abran las grandes alamedas de su futuro. Romperemos el maleficio del desencuentro y el desencanto. Su creatividad será el motor, su irreverencia, el método, la esperanza, el alimento de su horizonte de sueños.
Y sobre todo, acordamos que Caracas es hoy el corazón simbólico de esta Red de resistencias. Un corazón que late al ritmo de los cinco continentes, que bombea la savia de la lucha a todos los frentes.
Este manifiesto es nuestro pacto de batalla. Cada línea fue discutida, cada punto consensuado en el fragor del encuentro. No es sólo el decreto de una vanguardia, sino el coro de nuestras bases que entre muchas propuestas de acción, destacamos:
Avanzar en la construcción de una Alianza Mundial de los Pueblos en defensa de la Soberanía y la Paz, con capacidad para articular redes, movimientos, plataformas y organizaciones populares en todos los continentes; incidiendo en los escenarios internacionales para disputar la agenda global y acompañar con acción y solidaridad activa a los pueblos sometidos a bloqueos, agresiones, amenazas y acciones de guerra.
Profundizar la articulación entre pueblos, parlamentos y gobiernos del Sur para impulsar un nuevo orden mundial multicéntrico y pluripolar, basado en la igualdad soberana de los Estados, en la no injerencia y en la solución pacífica de las controversias.
Consolidar a Caracas como ciudad de encuentro y de concertación permanente de las luchas por la paz y la soberanía; convirtiéndola en referencia mundial para asambleas, misiones internacionales, acuerdos legislativos, espacios de pensamiento crítico y articulaciones populares.
Declarar esta Asamblea como espacio permanente de coordinación internacional y crear la Mesa Permanente de Coordinación de la Asamblea de los Pueblos, con sede en Caracas encargada de convocar dos sesiones ordinarias al año; y reuniones extraordinarias cuando la paz o la soberanía de cualquier nación sean amenazadas.
Instalar el Sistema Mundial de Defensa de la Verdad y la Comunicación de los Pueblos, integrado por un Observatorio Internacional contra la Guerra Cognitiva, y un plan para construir soberanía del cognitiva, con nodos en universidades, medios alternativos y movimientos sociales, asi como en Brigadas Internacionales de Comunicación Popular dedicadas a producir nuevos conocimientos y contenidos, contrarrestar la desinformación y fortalecer la soberanía comunicacional.
Impulsar un Plan Mundial de Acción contra la Militarización y el Intervencionismo, comenzando con la elaboración del Mapa Internacional de Amenazas a la Paz y la Soberanía, que documentará bases militares extranjeras, operaciones encubiertas, sanciones, bloqueos y violaciones del Derecho Internacional, acompañado de un Mecanismo Rápido de Respuesta Política. Asimismo, promover la adopción del Estatuto de Defensa Colectiva de Nuestra América y el Caribe.
Constituir el Frente Continental de Movilidad Humana Digna, encargado de levantar un Registro de Afectaciones por xenofobia, Aporofobia, Racismo y Medidas Coercitivas Unilaterales.
Establecer una Red Jurídica Internacional por el Derecho a la Movilidad
Humana y promover el Fondo de Solidaridad de la Patria Grande para el apoyo autónomo, protección laboral y acompañamiento comunitario a las personas migrantes.
Adoptar la Agenda Madre Tierra y Paz Climática mediante la creación del Consejo de Saberes Ancestrales para la Tierra Viva, que integrara conocimientos indígenas, científicos y comunitarios. Se impulsará la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra y se implementará un Sistema Comunitario de Vigilancia Ambiental.
Consolidar la Agenda Generación Genial 2035 mediante la creación de la
Red Internacional de Jóvenes por la Soberanía Digital y la Justicia
Climática, el fortalecimiento de la Escuela Internacional de Liderazgo y la instalación de un Consejo Global Juvenil con voz y voto en todas las decisiones estratégicas de la Asamblea.
Reafirmar que la Paz Bolivariana, sustentada en la soberanía, el respeto al Derecho Internacional y la seguridad colectiva, constituye la acción más clara y firme frente a las lógicas y operaciones de guerra, dominación y supremacía que hoy amenazan a la humanidad.
Declarar a la Asamblea de los Pueblos en movilización permanente, articulando acciones globales frente a cualquier intervención, aplicación de medidas coercitivas, bloqueo, agresión militar o amenaza contra la autodeterminación de los pueblos, con la certeza de que la Soberania y la Paz se defienden con unidad, valentía y mancomunidad internacionalista.
Desde esta Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra
América y del mundo, afirmamos:
• La paz no será delegada a quienes la invocan mientras planifican guerras.
• La soberanía no será convertida en mercancía.
• La dignidad no será objeto de negociación.
• La verdad no será entregada a quienes viven para manipularla.
Por eso, llamamos a todas las organizaciones, movimientos y personas de buena voluntad a hacerlo suyo, a encarnarlo en su territorio, a traducirlo a su lengua, a transmutarlo en acción concreta.
La noche más oscura anuncia el amanecer. Acompasemos nuestros pasos y nuestros corazones. Porque cuando los pueblos resuelven ser libres, ninguna potencia puede detener la primavera.
Suscrito por la Asamblea de los Pueblos por la Paz y la Soberanía.
Caracas, 10 de diciembre de 2025.
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Nuestra América no será patio militar: llamado urgente a los presidentes y presidentas del continente (Comunicado II Geopolítica, militarización y resistencias en nuestra américa) 2025.














