Realismo mágico, corresponsales de guerra y Falsos Positivos. Manipulación y medios de comunicación.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños

El corresponsal de guerra no es solamente un instrumento de propaganda, quien afecta la psiquis de los lectores. Sus relatos y palabras, se encargan de generar afectos en favor o en contra de algunas de las partes enfrentadas en el conflicto.

 

 

medios manipulacion

Un viejo campesino antioqueño, ex combatiente de las Farc-Ep, quien dejo las armas antes de los diálogos de la Habana, al relatar que su mujer se encontraba mamada de parir hijos para la guerra, lloraba. Ejército, policía, paramilitares, guerrilla, narcotraficantes y los combos de Medellín, se los arrebataron, uno a uno, en diferentes escenarios. Ellos, además de deshumanizarlos y violentarlos, se los mataron. La mayoría de cuerpos no se los entregaron por lo que no tuvieron la oportunidad de enterrarlos en cristiana sepultura, como ellos añoraban.

Suplicó que le cambiara el nombre si algún día diera a conocer su historia, de ahí que, en contra de disposiciones legales y religiosas, lo bautizara como El viejo Fraternal, Scarfe o Cara Cortada. Retazos de su vida, de igual manera que de víctimas de asesinatos de no combatientes, motivaron Las parteras de Urama Grande (Rojas, 2018), narrativa producto de su historia de vida, la imaginación sociológica y la imaginación literaria.

La obra evidencia, bajo el realismo mágico, que el Falso Positivo Militar no es uno de los inventos llevados por el desarrapado gitano de Melquíades a Macondo (Márquez, 1967), sino que sus raíces se encuentran incrustadas entre doctrina, transnacionales e ideas patriarcales aferradas a la cosmovisión de militares y policías. Algunas sociedades e instituciones, más que otras, han moldeado y perfeccionado la estratagema hasta el grado de engañar completamente a la justicia y a la población.

El Falso Positivo, estratagema de guerra sucia y psicológica, al contrario de lo que se conoce, no es producto de militares colombianos, ellos simplemente lo adecuaron, le dieron su toque, su génesis es anterior de la política de seguridad democrática. Los militares aprendieron a manipular y desinformar con el body count, conteo de cuerpos, al que recurrieron los norteamericanos para gritar, tanto a sus ciudadanos como al mundo, que se encontraban ganando la guerra en Vietnam. En Vietnam trasladaban los mismos cuerpos inertes, de un lugar a otro, cambiándoles de posición y tomándoles fotografías. Los corresponsales de guerra contribuían, unos de manera consciente y otros desconociendo la estrategia, en la manipulación.

Para consolidar la estrategia del Falso Positivo se requiere de una alta coordinación entre dependencias del organismo que lo realiza, instituciones del sector defensa y seguridad, organismos encargados de la investigación judicial, y agencias internacionales, entre otros. Convencer a la población de los eventos construidos, requiere como medio, de profesionales de la comunicación. Ellos se encargan, además de informar, de ambientar escenarios y orientar la opinión del público. Algunos medios, más que otros, se especializan en engañar, manipular y crear percepciones falsas o distorsionadas de la realidad en sus oyentes o lectores. Se requiere de los medios de comunicación para que el Falso Positivo se posicione en la cosmovisión, no solamente de quienes portan las armas supuestamente para defender a la población.

El corresponsal de guerra no es solamente un instrumento de propaganda, quien afecta la psiquis de los lectores. Sus relatos y palabras, se encargan de generar afectos en favor o en contra de algunas de las partes enfrentadas en el conflicto. No es gratuito que las escuelas de corresponsales de guerra se encuentren ubicadas dentro de instalaciones de las fuerzas armadas, donde militares y periodistas son formados en el oficio. Algunos corresponsales se forman en 48 horas, otros en cursos de más de cuatro meses en los que se convierten en expertos en armas de fuego. Por lo general los asistentes a cursos de largo tiempo, además del título de corresponsal de guerra, camarógrafo de combate, fotógrafo de guerra, curso de asuntos civiles y cooperación militar y curso de operaciones psicológicas, entre otros, tiene el honor de hacer parte de la reserva. Aunque aparentemente sigan siendo civiles, lucirán en algunas ceremonias uniformes y sobre su pecho medallas y condecoraciones. La lealtad con ejércitos y Estados se forma para toda la vida, ya sea gracias a un curso esporádico o a uno de largo tiempo.

En Estados Unidos, España y Colombia, por no referenciar otros, los militares se encargan de la formación del corresponsal, camarógrafo o fotógrafo de guerra. En España la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra forma corresponsales de guerra, de igual manera que en Colombia la Armada, a través de CENCOPAZ realiza el curso dirigido a militares y periodistas en zonas hostiles. No obstante, cada fuerza integrante de las fuerzas militares o armadas de los países se encarga de formar periodistas estableciendo con ellos una red, tanto de información como de lealtad. La lealtad no se da únicamente entre militares o policías.

Los medios de comunicación se encargan de mantener en el colectivo social una verdad distorsionada o una mentira. Ante el asesinato de cerca de dieciocho menores por el bombardeo de las fuerzas armadas de Colombia, gracias a los medios de comunicación, se quedará en la memoria colectiva que simplemente fueron ocho, que los militares desconocían que estuvieran en el lugar y que ninguna entidad había informado sobre el adoctrinamiento de menores en el lugar (Kavilando, 2019). Tampoco se recordará que algunos niños sobrevivientes del bombardeo quedaron con vida siendo perseguidos hasta rematarlos.

Aunque bien lo sustenta Daniel Coronell, “el periodismo no debe abrazar el poder, ni ocultar, ni justificar sus crímenes. Al contrario, el periodismo genuino debe ser contrapoder. Debe ser voz de los que no tienen voz. Debe denunciar los abusos del poder y vigilar el destino de los dineros públicos” (Coronell, 2019), periodistas en Colombia han tomado partido desinformando y ocultando violaciones de los derechos humanos por parte de quienes tienen el deber constitucional de protegerlos. No obstante, la prensa independiente, con osados periodistas, continuaran ejercitando la libertad de expresión en las diferentes plataformas de comunicación, aunque Estado y propietarios de medios, realice estrategias para opacarlos.

Referencias:

Coronell, Daniel (2019). Daniel Coronel on Twiter. 1 de diciembre.

García M, Gabriel (1967). Cien años de soledad. Edición conmemorativa. Real Academia Española. Asociación de Academias de la lengua española.
Kavilando (2019). Bombardeando campamentos de adoctrinamiento. Del Falso Positivo Militar a la justificación de asesinatos de menores. 7 de noviembre.
Rojas B., Omar (2018). Las parteras de Urama Grande.

 

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