Camilo Torres: memoria insurgente para tiempos de colapso.

Linea Formación, Género y luchas populares

 

Por: Alfonso Insuasty Rodríguez TeleSUR / El hallazgo del cuerpo del sacerdote Camilo Torres Restrepo reactiva una memoria insurgente clave en tiempos de colapso civilizatorio. Su legado, junto al de Bolívar y Fidel, interpela la justicia social, el poder popular y la paz con dignidad frente a la ofensiva imperial.

 

 

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El 23 de enero de 2026, el ELN comunicó públicamente que tenía conocimiento del hallazgo de los restos del sacerdote, sociólogo y militante revolucionario Camilo Torres Restrepo, muerto en combate en 1966 y convertido desde entonces en uno de los símbolos más potentes de la articulación entre cristianismo liberador y lucha popular en América Latina.

La Unididad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidad (UBPD) institución creada en el marco del acuerdo de paz entre la insurgencia de las FARC-EP y el Estado colombiano que este año cumple 10 años de haberse firmado, señaló que, tras más de dos años de investigación rigurosa, análisis de contexto, contrastación de fuentes y acumulación de indicios forenses e históricos, se consolidaron elementos que permiten afirmar con alta probabilidad que los restos corresponden a Torres.

Este hecho desborda lo forense y lo institucional, reactualiza una memoria de lucha que interpela directamente el presente. No se trata solo de cerrar un caso emblemático de desaparición forzada, sino de restituir políticamente a un referente cuyo pensamiento sigue desafiando el orden dominante. Que sus restos sean, posiblemente, recibidos en la Universidad Nacional de Colombia, donde fundó la Facultad de Sociología, reinscribe simbólicamente su legado en el corazón del pensamiento crítico latinoamericano.

Camilo Torres fue radical por lucidez histórica, comprendió que la pobreza y la exclusión no eran anomalías del sistema, sino expresiones orgánicas de estructuras económicas y políticas fundadas en la injusticia. En Mensaje a los cristianos (1965) desmontó la ilusión de la caridad asistencial al advertir que “las pocas instituciones de ayuda no alcanzan a dar de comer a la mayoría de los hambrientos”, y llamó a “buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías”. La cuestión social no era moral ni circunstancial, era estructural.

Desde esta perspectiva, sostuvo que una fe que no se traduce en praxis transformadora termina legitimando la opresión que dice combatir.

Por ello afirmó que “la revolución constituye la única forma eficaz y amplia de realizar el amor para todos”, no como consigna voluntarista, sino como consecuencia ética de un cristianismo asumido sin concesiones.

En su pensamiento, el amor cristiano deja de ser sentimiento privado para convertirse en acción histórica; el cristianismo es compromiso concreto con la transformación radical de las estructuras que producen miseria y niegan la dignidad humana.

La vigencia de esta lectura es innegable en un mundo atravesado por la crisis climática, la financiarización de la vida, la concentración obscena de la riqueza y la militarización de los territorios. Frente a este escenario, Camilo no propuso reformas cosméticas ni ajustes morales, sino una transformación estructural impulsada por el protagonismo consciente del pueblo.

Insistía en que mientras las estructuras impidan que la mayoría viva como seres humanos, ningún cambio real puede depender de las élites ni de su pretendida buena voluntad.

Su apuesta por el poder popular, elaborada en diálogo con Orlando Fals Borda, se materializó en experiencias concretas de organización comunitaria y en el impulso a las Juntas de Acción Comunal como espacios de participación directa y formación política desde abajo.

Para Camilo, “la organización del pueblo es indispensable para lograr cambios profundos”; la democracia debía ser ejercicio permanente de soberanía popular y no simple ritual electoral funcional al orden dominante.

Su crítica a las élites fue, por tanto, estructural: mientras el poder económico y político permanezca concentrado en manos de una minoría, la justicia y la paz serán promesas vacías.

La historia demuestra que quienes se benefician de estructuras injustas no renuncian espontáneamente a sus privilegios. De ahí su defensa de la acción colectiva organizada como necesidad ética y política: no se trataba de venganza, sino de justicia histórica.

La dimensión ética de su compromiso se prolongó incluso después de su muerte. La carta de su madre, Isabel Restrepo de Torres, dirigida a Pablo VI en 1968, no fue una súplica privada sino una interpelación teológica y política a la Iglesia, al inscribir la vida de Camilo en el horizonte abierto por Populorum Progressio y por el despertar de los pueblos oprimidos.

La negativa del Estado a entregar su cuerpo prolongó la violencia más allá de la muerte, intentando borrar simbólicamente a un sacerdote cuya coherencia resultaba intolerable para el poder. Sin embargo, la memoria insurgente persistió.

En el actual escenario de colapso civilizatorio y ofensiva global del capital, la memoria histórica deja de ser conmemoración para convertirse en praxis transformadora. Recordar no es un gesto nostálgico, sino una forma de intervenir el presente desde las huellas vivas de las luchas populares que el poder ha intentado borrar. La recuperación del cuerpo de Camilo no clausura su historia, la reactiva y la proyecta hacia las disputas de nuestro tiempo.

Porque el verdadero cuerpo que incomoda no es el que se oculta bajo tierra, sino el que reaparece en la acción colectiva que resiste y se organiza. Camilo sigue vivo allí donde el pueblo construye poder popular, donde la fe se traduce en justicia concreta y donde la dignidad se defiende como derecho irrenunciable.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Evangelio de Lucas 24:5)

Camilo vive en las luchas que desafían la dominación y anuncian, desde abajo, la posibilidad real de una sociedad distinta, incluso y con mayor urgencia en un presente marcado por la asfixiante inhumanidad del imperialismo contemporáneo.

Tomado de: https://www.telesurtv.net/opinion/camilo-torres-memoria-insurgente-para-tiempos-de-colapso/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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