Más de 90 organizaciones y 200 participantes impulsan un nuevo llamamiento por la paz en Colombia, proponiendo transformaciones estructurales, participación social y una apuesta ética por la vida, la justicia y la reconciliación duradera.

SEGUNDO LLAMAMIENTO POR LA PAZ
Por una paz de transformaciones reales y duraderas Congreso por la paz y el cuidado de la vida
El llamado que presentamos a continuación es producto del Congreso por la paz y el cuidado de la vida realizado el pasado 14 de abril, entre Paz en Movimiento y el Movimiento Social por la Paz MSP, al que asistieron de manera virtual y presencial más de 200 personas y 90 organizaciones. Este Congreso es el primer gran encuentro convocado por Paz en Movimiento, que como su nombre lo indica busca reivindicar el derecho y deber que tenemos los ciudadanos a la paz aunado a la convicción que es la sociedad civil en su conjunto quien la exige, mueve y garantiza. El primer congreso realizado el 5 de abril de 2025 (convocado por la delegación de Gobierno en los diálogos con el ELN – bajo su mandato de participación) generó un manifiesto de 10 puntos (primer llamado) y una necesidad manifiesta de trabajar por el fortalecimiento del movimiento por la paz, el cual fue acogido por más de 10 organizaciones que después de algunos meses de encuentros y deliberación decide llamarse Paz en Movimiento. Esta plataforma, junto con MSP, decide unir sus capacidades y esfuerzos permitiendo que personas y organizaciones de todo el territorio nacional participen y construyan de manera conjunta horizontes de futuros en paz para el país. Este segundo llamado lo entregamos a todos y todos los y las aspirantes a la presidencia de la república, no como exigencia sino como puente dispuesto a seguir trabajando con esperanza por las salidas de paz al conflicto del país.
La paz en Colombia no es solo la ausencia de conflicto armado, sino también aprender a resolver los conflictos de formas no violentas. Por ello es un proceso de transformación profunda del país que requiere renunciar a la violencia y aprender formas no violentas de tramitar los cambios personales, los manejos y tensiones de múltiples poderes y las discriminaciones y las tensiones comunitarias y sociales. Esta agenda programática expresa una visión más integral de una aspiración de paz, orientada a responder a los desafíos actuales, a las demandas de las comunidades y a la construcción de un país más justo, democrático y equitativo.
- Una concepción de paz como transformación estructural. La paz debe asumirse como un proceso de transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales. No basta con silenciar los fusiles; es necesario intervenir las causas estructurales del conflicto como la desigualdad, la exclusión y la falta de oportunidades. Una paz real implica redistribución del poder, acceso equitativo a la tierra, garantías de derechos y reconocimiento de la diversidad. Sin estos cambios, la violencia tiende a reproducirse bajo nuevas formas.
- Comprender la reconfiguración del conflicto. El conflicto en Colombia ha cambiado. Hoy se expresa en nuevas violencias asociadas a economías legales e ilegales que han sido normalizadas e incorporadas por los grandes capitales a la circulación de toda la economía en general, disputas territoriales, crimen organizado, uso de nuevas tecnologías y dinámicas internacionales. Estas violencias están profundamente conectadas con la persistencia de la pobreza y la desigualdad. Allí donde el Estado no garantiza condiciones dignas de vida, surgen actores armados que ocupan ese vacío. Por eso, enfrentar el conflicto exige abordar sus nuevas dinámicas y sus causas históricas. La paz también exige superar la visión moralista de las economías ilícitas para abordar la necesidad de regulaciones que propicien la justicia económica y social y que aborden transformaciones estructurales.
- Rediseñar la institucionalidad para la paz. Colombia necesita una institucionalidad de paz más fuerte, coherente y con capacidad real de acción en los territorios. Para ello, es necesario revisar y ajustar instancias existentes como la Consejería Comisionada de Paz, la Unidad de Implementación del Acuerdo y los Consejos de Paz, con el fin de mejorar su eficacia y articulación a nivel nacional y territorial. Este rediseño debe orientarse a consolidar estructuras más integradas, como comisiones territoriales de paz —urbanas y rurales—, y a fortalecer los instrumentos de política pública que permitan su implementación efectiva. Asimismo, es clave impulsar mecanismos de coordinación de alto nivel, como un gabinete nacional por la paz, e incorporar lineamientos humanitarios que orienten la acción estatal en el marco del Derecho Internacional Humanitario. De igual forma, se requiere fortalecer la infraestructura de paz existente y las iniciativas territoriales, garantizando su sostenibilidad, articulación regional y pertinencia en contextos urbanos y rurales. Las instituciones surgidas de los acuerdos de paz deben ser consolidadas y ajustadas para asegurar su eficacia en el largo plazo. La paz no puede depender de voluntades individuales, sino de instituciones sólidas, articuladas y permanentes.
- Continuidad y fortalecimiento de los diálogos de paz. Los procesos de diálogo deben mantenerse y fortalecerse con claridad en sus objetivos, estrategias y rutas. Es clave definir actores, condiciones y enfoques diferenciales que respondan a las particularidades de cada proceso y actor. La paz requiere persistencia, coherencia y visión de largo plazo. Llamamos a las partes de los procesos que hoy están congelados a regresar a las mesas de diálogo y conversación socio jurídica.
- Un nuevo marco normativo para la paz. Colombia necesita actualizar y fortalecer el marco normativo que regula los procesos de paz, diálogo, acogimiento a la justicia y desmantelamiento de estructuras armadas y criminales, mediante instrumentos jurídicos claros, diferenciados y coherentes con la naturaleza de los distintos actores y con las realidades territoriales del país. No todos los grupos armados responden a las mismas dinámicas ni tienen los mismos propósitos políticos, económicos o sociales; por ello, el Estado debe contar con mecanismos flexibles que articulen los procesos de diálogo con las políticas de seguridad, protección de la vida, justicia, reparación a las víctimas y garantías para las comunidades afectadas.
En el caso de estructuras con motivaciones predominantemente económicas y de crimen de alto impacto, se requieren modelos eficaces de acogimiento y tratamiento penal diferenciado que permitan la rendición de cuentas, el desmantelamiento de las estructuras ilegales y el tránsito hacia la legalidad. Un marco normativo moderno debe ofrecer seguridad jurídica, evitar improvisaciones y fortalecer la confianza pública y territorial en los procesos de construcción de paz y convivencia.
- Estrategias integrales de respuesta y superación de las crisis humanitarias. Las crisis humanitarias requieren respuestas rápidas, integrales y coordinadas y lo humanitario debe ser el punto de partida (y parte de las medidas de generación de confianza) en el tránsito a establecer espacios de diálogo y negociación para asegurar la protección de la población civil.
Es fundamental fortalecer las iniciativas comunitarias de autoprotección, paz y cuidado con acuerdos de mínimos humanitarios, así como brindar respaldo a las estrategias de diálogo humanitario, caravanas y misiones humanitarias, y diálogos para la paz impulsados por las organizaciones sociales territoriales y del nivel nacional. La protección de liderazgos sociales, personas defensoras de derechos humanos y comunidades es una prioridad. Sin garantías de seguridad, no es posible construir paz en los territorios.
- Participación efectiva para la construcción de paz. La paz debe construirse con la gente a partir de lo construido. No se puede desgastar a las personas con participaciones repetitivas. En ello es una clave no partir siempre de cero. La memoria de la construcción de paz en formas y metodología es vital para evaluar lo útil e innovar a partir de nuevas propuestas en un diálogo productivo de lo hecho hasta el momento. Es indispensable garantizar una participación real y cada vez más cualificada de organizaciones sociales, movimientos y comunidades en todos los niveles. Esto implica asegurar condiciones económicas, políticas y de seguridad para su participación, garantizando que todas las necesidades sean recogidas y que las vocerías sean representaciones territoriales legitimadas y reconocidas desde sus mecanismos propios. Sin inclusión la paz pierde legitimidad y sostenibilidad.
- Reconocer la interacción entre lo rural y lo urbano. La paz y la violencia se vive de modo diferencial en los campos y en las ciudades, pero están conectadas. Por ello, las políticas deben reconocer esas interacciones con procesos de paz que reconozcan sus especificidades. Es necesario ajustar, continuar y ampliar los procesos de paz en las ciudades, donde también se expresan violencias complejas que requieren soluciones específicas.
- Cumplir lo acordado: base de la confianza. El cumplimiento de los acuerdos es fundamental para la credibilidad del Estado y la sostenibilidad de la paz. Esto incluye:
- La implementación integral del Acuerdo Final de Paz.
- El cumplimiento de los 28 acuerdos con el ELN.
- El cierre del proceso de Santa fe de Ralito con las AUC.
- El respeto y cumplimiento de los acuerdos logrados con comunidades en el marco de movilizaciones sociales.
- El cumplimiento de acuerdos parciales de procesos de negociación política y conversación socio jurídica que estén en curso.
Incumplir debilita la confianza y perpetúa el conflicto.
- Impulsar una visión de paz global. La paz en Colombia está conectada con dinámicas globales. Es necesario asumir una posición crítica frente a políticas internacionales como la guerra contra las drogas, el militarismo y los conflictos armados en el mundo. La diplomacia por la paz es parte de la estrategia. Colombia debe posicionarse como un actor que promueve la paz, el diálogo y la solución política de los conflictos a nivel global. Ante la crisis del derecho internacional y la construcción de un mundo multipolar es necesario discutir el derecho a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
- Pedagogía para la paz y la memoria. La construcción de paz requiere una transformación cultural. Esto implica fortalecer e impulsar la educación y las pedagogías para la paz, la memoria histórica y la reconciliación. Las nuevas generaciones deben crecer con valores de respeto, diálogo y resolución pacífica de conflictos. Sin pedagogía, la paz no se sostiene en el tiempo.
- Transformaciones concretas en los territorios. La paz debe traducirse en cambios reales en la vida de las personas. Esto implica impulsar eficazmente pactos territoriales, planes de vida y proyectos de transformación construidos desde las comunidades y claramente ejecutables, con indicadores de resultado y de impacto y con procesos concretos de veeduría ciudadana. Sin resultados tangibles, la paz pierde sentido para quienes viven en los territorios más afectados por la violencia y la inseguridad. Esto es parte de las transformaciones macro, meso y micro que necesita el país.
- Nuevas narrativas para la paz desde el cuidado y el diálogo. Es necesario resignificar el sentido de la paz en la opinión pública, donde a menudo se la opone a la seguridad, cuando en realidad la paz implica el cuidado de todas las vidas. Esto exige contrarrestar los discursos de guerra, miedo y desinformación mediante nuevas formas de narrar. Los medios de comunicación y las redes sociales son escenarios clave en esta disputa y deben aprender a desmontar lógicas de confrontación, buscar la verdad y superar las narrativas de enemistad. La paz también se construye en el lenguaje y en la forma en que contamos el país. Por ello, apostamos por desarrollar formas de comunicación orientadas a la construcción de paz, que den voz a todas las víctimas y promuevan la reconciliación, evitando que tanto los discursos como las acciones generen nuevas víctimas.
- Recursos para la paz: una prioridad nacional. La paz requiere gran inversión. No es suficiente la voluntad política si no existen condiciones materiales concretas e infraestructura para la paz. El Estado debe llegar con su presencia en la garantía de los derechos a todos los territorios. La precariedad estatal local no sirve para una paz sostenible y duradera. Se deben garantizar recursos suficientes, sostenibles y bien gestionados para implementar políticas de paz. Invertir en paz es invertir en el futuro del país. Es fundamental transformar cultural y éticamente el manejo de los recursos públicos.
Esta agenda programática es una invitación a avanzar hacia una paz real, basada en transformaciones profundas, participación social y compromiso institucional. La paz en Colombia es posible, pero exige decisión, coherencia y acción colectiva.
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