La patria Milagro será la Patria del estado de Excepción. La teología-política reciclada de la farsa del gobierno electo.

Linea Territorio y despojo
Frente a la teología política del fascismo encarnada por el presidente electo Espriella y su violencia de Estado, urge recuperar la tradición de los vencidos y la huelga general obrera para interrumpir la catástrofe del capital.
 
 
 
Daniel Alejandro Ceballos Alarca
Mínima Comuna
En un texto compartido hace algunos días por el compañero de luchas y directivo sindical Jesús Villa(1), se aborda el hilo conductor entre el gobierno de Laureano Gómez y el presidente electo Espriella en términos del autoritarismo. Llama la atención las alusiones a la teología política presente en la estructura discursiva del presidente electo Espriella y la forma de gobernar del mismo Laureano Gómez, donde las nociones de Patria, familia, tradición, fe y propiedad vuelven a estar en el centro del ejercicio de poder, basado en una violencia autoinmune, esto es, una violencia contra el propio pueblo y la declaración permanente del estado de excepción (o sus variantes llamadas estado de sitio, estado de conmoción interior, etc)  como continuidad de un derecho a la medida de la clase dominante en contra de la protesta social y las reivindicaciones de la clase trabajadora, contra el derecho de autodeterminación y autonomía de los pueblos y por consiguiente a una violencia a favor de los intereses hegemónicos de los Estados Unidos en Latinoamérica.
Es cada vez más urgente señalar los alcances de dicha teología política, la forma en la que opera y moviliza tanto los engranajes del Estado como los intereses de las masas incautas, pero también es urgente señalar las formas de conjurarla, las formas de interrumpir su continuidad desde otras formas de entender la dimensión religiosa, espiritual y teológica de la tradición de los vencidos. Esto incluso soslayando las tensiones entre la Teología Política del fascismo en curso con la misma posición actual del episcopado católico de Colombia, un episcopado que mediante posiciones públicas se ha distanciado de los enfoques y manipulaciones de la fe del presidente electo, muy al contrario de lo que fueron las voces de los jerarcas de la iglesia católica de antaño, como Monseñor Builes y el mismo Cardenal López Trujillo, un acérrimo perseguidor de la teología de la liberación en estas tierras, un hecho crucial para contraponer dos perspectivas importantes a la hora de retornar al terreno de combate entre las acciones históricas de liberación del pueblo y las técnicas de dominación aun presentes en las dimensiones simbólicas y de fe del pueblo latinoamericano y colombiano, elementos que también deben ocupar y permanecer en disputa por el pensamiento y la acción revolucionaria y liberadora.
A partir de esto, señalamos dos elementos que parecen fortuitos para los incautos o que pueden ser reducidos a cuestiones meramente “geniales”, salidas de la mente de los asesores de la política-espectáculo actual, pero que realmente son elementos que encierran algo siniestro, preocupante y constante en la avanzada del sistema hegemónico que ha vuelto con fuerza a retomar su lugar de representatividad en Latinoamérica y ahora en Colombia, que es parte de una avanzada histórica y que viene de elementos que estructuran formas de gobierno explícitamente totalitarias, fascistas, de aniquilamiento en la retórica y el plan del gobierno de los Firmes por la Patria y que de nuevo constatan la actualidad de la frase de Marx que dice que “la historia se repite dos veces. La primera como tragedia y la segunda como farsa”(2). 
Dichos elementos son las nociones de Patria Milagro y de un País de Propietarios que analizamos a la luz de la teología política ya mencionada. Si se toma al pie de la letra la frase de Marx en nuestro contexto, entonces se debe abordar como primer momento de esa teología política el precedente laureanista en la instauración del periodo de la Violencia en Colombia en los años 50 en su articulación con el dispositivo eclesial y conservador de la época, donde inclusive se consagraba el país al Sagrado Corazón de Jesús a la par que se decía que matar liberales no era pecado, con lo cual, visto de otro modo, había una incitación constante por parte del mismo clero a exterminar al adversario político en nombre de la fe y a quienes amenazaban de alguna forma el régimen de los terratenientes, se puede decir que un régimen aun feudal aun con una trayectoria supuestamente republicana de más de 100 años para ese entonces.
Es posible mencionar un par de eventos históricos donde la historia se ha repetido como tragedia en diferentes intensidades en cuanto a la instauración del Estado de Excepción, la primera fue la instauración del Estauto de Seguridad en el año de 1978, en el gobierno de Turbay Ayala. Cabe recordar que “el estatuto de seguridad fue un régimen penal de seguridad promulgado y puesto en práctica el 6 de septiembre de 1978 a 1982. Con este Estatuto se pretendía hacer contrapeso a los grupos insurgentes, regular y prohibir la protesta social y frenar el crecimiento de los movimientos guerrilleros. Fue parte de la Doctrina de la seguridad nacional de los Estados Unidos”(3) . Este episodio sería necesario ampliarlo en otro momento, sobre todo en relación a las luchas sociales del magisterio en Colombia y a la conquista del estatuto docente 2277 en el año 1979, pues justamente se dio en medio de la puesta en marcha del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala haciendo emerger el protagonismo de las luchas magisteriales y las estrategias de sus resistencias para reclamar sus derechos en medio de tal represión estatal.
Otro elemento importante a resaltar en cuanto al mantenimiento y la continuidad de ese Estado de Excepción, se repitió en la tragedia perpetrada por el Estado de Colombia en la época de los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez con el hecho más atroz y sistemático en los asesinatos de inocentes por parte de las fuerzas militares de Colombia, hecho conocido bajo el nombre de los Falsos Positivos. Esto en concomitancia a la intención constante de Álvaro Uribe de instaurar el concepto del Estado de Opinión, un concepto que describe una forma de gobierno donde la legitimidad y las decisiones del Estado se fundamentan en la supuesta voluntad popular directa, expresada constantemente a través de la opinión pública (los medios de comunicación), por encima de la mediación de las instituciones tradicionales(4). Sin embargo, si bien en este aspecto está la puesta en práctica de un estado de excepción constante, donde se perpetraron formas de aniquilamiento del movimiento social y sus luchas, la cuestión teológico política no era tan explícita como ha vuelto a ser ahora.
Ahora es cuando se puede decir que la historia se vuelve a repetir como farsa en cuanto a la retoma de un Teologia política, esta vez amalgamada con los movimientos neo-evangélicos de la teología de la prosperidad y los movimientos más ultra conservadores y reaccionarios de la iglesia católica. Es aquí donde se señala el peligro de la estrecha relación que hay entre el concepto de Milagro y el concepto de Estado de Excepción. Esta relación ya se hace explícita en la polémica teoría de Carl Schmitt, el jurista y teórico alemán que estructuró el ejercicio del poder nazi en su libro Teología Política, con una amplia trascendencia y vigencia aún en las discusiones de las facultades de derecho y en las tensiones entre las políticas de la soberanía (el decisionismo) y las políticas de alteridad (Ver la crítica de Derrida a Schmitt en Políticas de la amistad). Es urgente señalar esa relación entre Milagro y Estado de Excepción porque En Schmitt, esa relación se hace explícita y entonces el milagro como estado de excepción suspende el Derecho para conservar el Estado, o sea, el Estado al servicio de las relaciones de subordinación del pueblo ante los intereses de la clase dominante. Al parecer esta equiparación de Estado de Excepción y Milagro ya estaba presente en Donoso, otro teórico de la jurisprudencia español anterior a Schmitt, que termina siendo fundamental en la consolidación de la violencia de estado a favor de los propietarios, en sus formas dictatoriales y autoritarias, una teoría para combatir las avanzadas revolucionarias y que sirvió posteriormente a la jurisprudencia del periodo franquista en España.  
Sin embargo, en este momento hay que saber que el filósofo judeo-alemán Walter Benjamin, víctima de la persecución del nazismo, enfrenta dicha teología política en su mismo terreno, pero a favor de una justicia de la tradición de los vencidos, o sea, una justicia a favor de las luchas y la memoria del pueblo, donde se concibe un mesianismo colectivo, del todo diferente al mesianismo que enaltece la perspectiva individualista del capital, por eso la teología política de Walter Benjamin señala una justicia que sólo es posible en la interrupción del capitalismo con el ejercicio de la huelga general obrera. Esto se puede ampliar después de la siguiente cita, teniendo ya como antecedente el papel protagónico de la herencia de la teología de la liberación, las luchas del magisterio y la exigencia de su capacidad organizativa, junto con otras fuerzas sociales como la minga y la guardia indígena, las luchas estudiantiles y las demás organizaciones en resistencia, en vías de liberación y revolucionarias. Aquí es importante la siguiente cita:
“Es sabido que Donoso utilizó en 1849 la analogía entre el milagro como fenómeno excepcional en la naturaleza y la dictadura como situación excepcional en el Estado, para probar que circunstancias excepcionales exigen decisiones excepcionales. Mucho menos conocido es que ya en 1837 el aún liberal Donoso había defendido lo esencial de esa teoría. Merece la pena comprobar que, entre ambos momentos, la teologización del pensamiento de Donoso crece paralela al miedo de los propietarios hacia la revolución. Lo que no es insignificante para establecerla relación entre teología y política. La continuidad del pensamiento donosiano en la vinculación a los intereses de una clase, muestra además que "estado de excepción" puede ser lo contrario de "interrupción". (5) 
Y continúa un poco más adelante: 
 
“Al recuperar la analogía donosiana, Schmitt captó que lo milagroso no residía en la dictadura misma, sino en la ruptura de la continuidad jurídica. Para él, «el estado excepcional tiene en la Jurisprudencia análoga significación que el milagro en la Teología". Pero la posición de Schmitt no debe ser confundida con la de Donoso, a quien un ideal absoluto de justicia aparta del decisionismo puro. En Schmitt, el estado de excepción suspende el Derecho para conservar el Estado; en Donoso, realiza justicia más allá del Derecho. En Benjamín, en cambio, ha de ser realización de la justicia en la interrupción del capitalismo. La fractura de la continuidad jurídica no aparece aquí en la dictadura, sino como entusiasmo en la expectativa de un orden distinto. La expectativa de huelga general, tal como la describió Sorel, sirve de modelo a un «verdadero estado de excepción". Dictadura y huelga general son tan opuestos como los contenidos con que Donoso y Benjamín saturan la fórmula «Contra catástrofe, estado de excepción". Pues en el católico Donoso, el estado de excepción defiende el continuo frente a la catástrofe, mientras que en el judío Benjamín interrumpe la continua catástrofe. Dos teologías -una de la encamación, otra de la esperanza en la desesperación- orientan dos políticas -la que defiende el orden establecido por Dios y la que busca en el orden la puerta por que entrará el Mesías-. Más allá del Derecho, vive en ambas la justicia. Absoluta o Absolutamente Otra.”
De esta forma se debe plantear el camino, organizar de nuevo de forma urgente el advenimiento de la Huelga general obrera como forma de combatir la farsa instaurada ¿Cómo se combate la farsa? con la fuerza de lo real, la acción de los cuerpos, el uso de los cuerpos y las ocupaciones, por eso es importante desplazar y darle el lugar a la discusión donde se merece estar, no en los cálculos del algoritmo, no en el desgaste de la imagen y la producción demencial de las inteligencias artificiales, sino más bien en lo que proviene de la lentitud, del advenimiento y la posibilidad de errar, del error. La fragmentación como posibilidad de interrupción del fascismo en curso, el fascismo que ya no le basta la severidad de la tragedia y el gesto de la crueldad, no, ya el fascismo busca ridiculizar la sangre que va a ser derramada, el confinamiento de la inteligencia a la frivolidad del meme. Habrá compañeros que digan y que insistan que en lo virtual también hay una batalla por ganar, pero entonces es necesario repetir que lo que está en juego es el combate a esa avanzada de la enajenación del espectáculo, porque ni lo virtual ni la representación, ni la reducción de la política al cálculo electoral puede ser nuestro fin, nuestro fin son unos usos del todo diferente de nuestros cuerpos, más allá del agotamiento que producen las pantallas, necesarias sólo para constatar la urgencia de su desmonte, el retorno al bar, al espacio del sindicato, a la materialidad de las hojas, la letra y el tinto, la habitabilidad y los usos de la ciudad y el campo, el devenir clandestino de nuestra cotidianidad, la potencia de nuestro amor en pos de toda revuelta que les arrebate las armas y las técnicas de sometimiento y violencia sobre nuestros cuerpos, desmontar la deuda (pecado) que se posa sobre nosotros. 
De nuevo entonces la disputa vuelve a ser teológica política, y se hace interesante constatar que ya hay un camino andado por parte de la teología de la liberación, el momento en que surgió en la campaña de Iván Cepeda las reivindicaciones teológicas que defienden la defensa de los derechos humanos, la primacía de los intereses que benefician a la clase empobrecida y precarizada por el bien de todos, la defensa del medio ambiente y de los animales como restauración de la armonía entre lo humano y lo no-humano, en fin la insistencia en una temporalidad diferente del tiempo actual del capital que pueda despertar las fuerzas que le hagan justicia al proyecto de los vencidos, que puedan despertar otros pasados aun por venir en las tonalidades de una comuna, donde se atraviesen los cercos que impiden las prácticas de un amor verdaderamente eficaz como lo señaló la vida y obra de Camilo Torres, la insistencia en crear comunidades de paz y un ejercicio de memoria que combata y destituya el ejercicio constante de  la violencia paramilitar, tal cual lo sigue haciendo el padre Javier Giraldo y la Comunidad de Paz de San José de Apartadó. Volver a insistir en los alcances de entender la vivienda en perspectiva colectiva y de autogestión popular, entendiendo a Jesús en su devenir comunitario, su devenir mujer y niño en las periferias de la ciudad como lo hizo el padre Federico Carrasquilla en el Barrio del Popular y Vicente Mejía en Moravia. 
El legado del profesor y filósofo Carlos Enrique Restrepo Bermúdez señaló constantemente la urgencia de esta tarea, la tarea de la liberación y la necesidad de analizar las avanzadas del fascismo en términos de dicha teología política(6). Pero también la teología política que puede surgir de movimientos que incluso combaten la enajenación de la la religión y la doble moral, que pueden ser más cercanos a la acción de cristo en contra de la doble moral y los dispositivos de enajenación del poder dominante que conciben un dios más parecido a los ídolos que combatía el mismo Jesús y sus amigos discípulos, aquello que no se cansan de denunciar los profetas del desierto, a la vez que se señala una praxis que nos lleve a pensarnos y efectuar una forma de vida para el advenimiento del Reino acá en la tierra, no un proyecto que se aplace, un Reino como la posibilidad de un mundo otro, de un mundo donde quepan muchos otros mundos.
 
Notas:
 

1. Villa, J. A. (2026, 24 de junio). Laureano Gómez y Abelardo de la Espriella: la patria como trinchera del autoritarismo. Microfilosofía. https://www.microfilosofia.com/2026/06/laureano-gomez-y-abelardo-de-la.html

2. Marx, K. (1852). El dieciocho brumario de Luis Bonaparte.

3. Jiménez, C. (2009). Aplicación e instrumentalización de la doctrina de seguridad nacional en Colombia (1978–1982): efectos sobre la temática de derechos humanos. Reflexión Política, 11(22), 158–174. https://doi.org/10.29375/01240781.468

4. Rodríguez Porras, A. (2013). El estado de opinión: La construcción del discurso de seguridad en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (Tesis de maestría, FLACSO Sede Ecuador). Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Sede Ecuador. https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/items/e3b1a388-1f2b-4fd3-afba-fd5fd34c4438

5. Mayorga, J. (1994). El estado de excepción como milagro: De Donoso a Benjamin. Éndoxa: Series Filosóficas, 2, 125–147. https://doi.org/10.5944/endoxa.2.1994.4858

6. Restrepo Bermúdez, C. E. (2015). Consideraciones sobre el dominio del mundo. En Camilo Vive (Ed.), Camilo Vive: Reflexiones sobre teología de la liberación y política. Medellín, Colombia.

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