Por: Julio Cesar Londoño
Uno quisiera pasar la página, olvidar para siempre a ese sujeto, sepultar su memoria muy hondo y echar cal sobre el foso, pero no es posible: el sujeto, y su legado, son tozudos. No pasa un día sin que se conozcan nuevas infamias de su administración. Y cuando pasa, él mismo se encarga de mantenerse vigente con su incansable y eficaz perorata.














