El despliegue anunciado de operativos militares y policiales en zonas urbanas evidencia una preocupante tendencia a criminalizar la protesta social y proteger intereses corporativos por encima de los derechos humanos.
Ya no hacen falta golpes de Estado tradicionales, bastan algoritmos, miedo, lawfare y gobiernos obedientes. La disputa por América Latina es hoy una batalla por los recursos, la memoria, la soberanía y el derecho mismo de los pueblos a existir con dignidad.