Las tribunas estaban llenas de gente, a la derecha, los empleados de UNE, a quienes se les invitó como comité de aplausos por la privatización; a la izquierda los verdaderos dueños de la empresa, el pueblo, defendiendo el patrimonio público.
Esos mismos empleados, que aplaudían aceptando la fusión desconocen que son ellos los primeros de quienes prescindirá la nueva empresa, tal y como ha sucedido en otros procesos de compra de la industria nacional por parte de multinacionales. Lo más indignante frente a esos “empleados vulnerables” es que cuiden la “papa” y no se peleen la tierra.














