Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños
Las prácticas indignas de un soldado, lo despojan de su honor, de su esencia. El asesinato, la tortura psicológica, la mentira, la manipulación, los actos de terrorismos, el engaño y las alianzas con delincuentes, no son episodios decorosos de su naturaleza. Quien dentro de un ejército regular realiza procedimientos criminales no puede ser catalogado como soldado, simplemente es un mercenario, puesto que no lucha por la patria, por su pueblo, sino por prebendas. La motivación del mercenario por el dinero lo lleva a realizar cualquier trabajo. Ningún tribunal militar con honor podría llevar ante sus estrados individuos que actúen dentro de las filas castrenses de manera criminal. De hacerlo estaría desviándose de su razón de ser. De eso se debe encargar la justicia ordinaria.