Por: Sinar Alvarado. NYTimes
Álvaro Uribe, expresidente de Colombia, redefinió y casi monopolizó el poder desde 2002. Su detención es una oportunidad única para que ese país se desprenda del personalismo atávico. Ahora Colombia, a través de la justicia y la ley, intenta consolidar un nuevo escenario, más civilizado, donde el garrote del uribismo resulta anacrónico.





















