El reconocimiento estatal de la Operación Europa implica admitir que estructuras de inteligencia fueron utilizadas para perseguir, estigmatizar y sabotear a defensores de derechos humanos más allá de las fronteras colombianas. La verdad, la reparación y la no repetición exigen desmontar las doctrinas que hicieron posible esa persecución.

No es una guerra contra las drogas, es una guerra por el control geopolítico de Nuestra América. La militarización del Caribe, como teatro de operaciones, ve desarrollarse una nueva fase de la disputa imperial por los territorios, corredores estratégicos, bienes comunes y la soberanía de los pueblos frente al avance del mundo multipolar.

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