Catástrofe climática. El tiempo se agota.

Linea Territorio y despojo

La advertencia ya es bastante clara. Durante décadas, la ciencia climática ha documentado que el modelo económico sustentado en combustibles fósiles, deforestación, extractivismo y crecimiento ilimitado está alterando las condiciones que hacen posible la vida. Gobiernos y corporaciones conocían los riesgos, negociaron compromisos y anunciaron transiciones, pero las emisiones continuaron aumentando.

 

 

Por: Alfonso Insuasty Rodriguez*

En 2015, el Acuerdo de París estableció como horizonte mantener el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de 2 °C y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C respecto de la era preindustrial. En 2023, la temperatura media mundial alcanzó aproximadamente 1,45 °C por encima de ese período, el valor más alto registrado hasta entonces. En 2024, la Organización Meteorológica Mundial confirmó una temperatura media cercana a 1,55 °C, convirtiéndolo probablemente en el primer año calendario por encima de 1,5 °C.

Esto no significa que el objetivo de París haya quedado matemáticamente superado por un solo año, el umbral de 1,5 °C se refiere a un promedio de largo plazo. Pero la señal es inequívoca. Los océanos acumulan cantidades récord de calor, aumentan los extremos climáticos, se derriten glaciares y hielos, sube el nivel del mar y se deterioran ecosistemas fundamentales.

En 2025 la tendencia tampoco se detuvo. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que fue uno de los tres años más cálidos registrados y que los once años entre 2015 y 2025 fueron los once años más cálidos de la historia instrumental. El océano volvió a alcanzar un récord de contenido de calor.
No es solamente el calor: es el agua

Uno de los peligros menos comprendidos es que el calentamiento está alterando los ciclos que sostienen el agua dulce, la agricultura y los territorios.
La Amazonía no es simplemente un bosque que debe conservarse por su biodiversidad. Es una gigantesca infraestructura ecológica continental. Sus árboles extraen agua del suelo y la devuelven a la atmósfera mediante la evapotranspiración, contribuyendo a mantener los corredores de humedad que alimentan lluvias dentro y fuera de la cuenca.

La combinación de calentamiento, deforestación, incendios y sequías puede llevar al sistema amazónico hacia puntos de inflexión. La investigación científica ha advertido que una pérdida extensa de cobertura forestal podría alterar profundamente el régimen de lluvias y favorecer una transición hacia ecosistemas más secos, incluida la sabanización de grandes áreas.

El problema, por tanto, no es únicamente perder árboles. Es debilitar una maquinaria natural que produce, transporta y redistribuye agua. Si la Amazonía pierde capacidad para reciclar humedad, aumentan las temporadas secas y se comprometen ríos, cultivos, bosques, generación hidroeléctrica y abastecimiento humano.

Una Amazonía transformada en grandes extensiones de sabana, y eventualmente sometida a procesos de desertificación, tendría consecuencias que desbordan sus fronteras. La crisis climática también es una crisis hídrica.

La ciencia habló. El poder no escuchó

El Informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático IPCC ha sido contundente, cada incremento adicional del calentamiento intensifica múltiples riesgos simultáneamente, mientras que reducciones profundas, rápidas y sostenidas de gases de efecto invernadero pueden limitar los daños futuros.

El problema, entonces, no es la ausencia de conocimiento. Es la distancia entre conocimiento y decisión.

Mientras comunidades, científicos y organizaciones sociales alertaban sobre incendios, sequías, pérdida de biodiversidad y deterioro de las fuentes de agua, numerosos gobiernos continuaron promoviendo infraestructura fósil, minería, hidrocarburos, monocultivos y otras formas de extracción intensiva.

Se habla de transición energética mientras se profundiza la explotación de territorios. Se anuncia protección ambiental mientras se criminaliza a quienes defienden ríos, bosques, montañas y selvas.

Y aquí aparece una de las dimensiones más brutales de la crisis.

Defender la vida puede costar la vida

Según Global Witness, al menos 124 personas defensoras del ambiente y el territorio fueron asesinadas en 2025 en el mundo. Más de las tres cuartas partes de las víctimas eran campesinas, indígenas o afrodescendientes. América Latina concentró el 85 % de los asesinatos documentados en el mundo.

Colombia volvió a ocupar el primer lugar mundial, 39 personas defensoras fueron asesinadas en 2025, casi la mitad de ellas indígenas. Fue el cuarto año consecutivo en que el país registró el mayor número de asesinatos de defensores ambientales y territoriales. En 2024 fueron 48 y en 2023 se alcanzó la cifra récord de 79.

Entre 2012 y 2025, Global Witness documenta 2.375 personas defensoras asesinadas o desaparecidas en el mundo. Colombia concentra el mayor número de asesinatos registrados durante ese período.

Estos números no son una estadística marginal de la crisis climática. Cada asesinato elimina una voz, una experiencia territorial, una forma de conocimiento y una capacidad concreta de defensa de los ecosistemas.

Quienes son asesinados no están defendiendo una abstracción llamada “naturaleza”. Defienden el agua, la tierra, las semillas, los bosques, los ríos, los territorios y las condiciones materiales para reproducir la vida.

Los pueblos han conservado lo que otros destruyen

Pueblos indígenas, comunidades campesinas, pueblos negros y organizaciones urbanas han demostrado durante décadas que existen otras formas de relacionarse con el territorio. No se trata de idealizarlos ni de convertirlos en una postal romántica. Se trata de reconocer una realidad: allí donde existen organización comunitaria, conocimientos territoriales, defensa del agua, protección de bosques y soberanía alimentaria, existen también capacidades concretas para resistir la crisis.

Pero esos mismos pueblos son perseguidos, desplazados, criminalizados y asesinados cuando sus territorios se convierten en espacios de interés minero, energético, agroindustrial o inmobiliario. La defensa de la vida termina chocando con un modelo que concibe el territorio como mercancía.

¿Existen opciones?

El nuevo informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre el overshoot de 1,5 °C reconoce que un sobrepaso temporal del umbral resulta cada vez más probable, pero también que la magnitud y duración de ese sobrepaso importan decisivamente. Reducir rápidamente las emisiones sigue siendo fundamental para limitar los daños y evitar que determinados cambios se vuelvan irreversibles.

Las opciones están identificadas, abandonar aceleradamente los combustibles fósiles; detener la deforestación; restaurar ecosistemas; proteger las fuentes de agua; fortalecer la adaptación territorial; transformar los sistemas de transporte y producción; garantizar soberanía alimentaria; impulsar una transición energética justa; y reconocer los derechos colectivos de quienes protegen los territorios.

Pero ninguna transición será suficiente si continúa acompañada de negacionismo, autoritarismo, violencia y militarización de los territorios.

La crisis climática exige unir fuerzas, pueblos indígenas, campesinos, comunidades negras, trabajadores, científicos, organizaciones sociales y sectores urbanos conscientes. No para salvar un modelo económico que destruye las condiciones de su propia existencia, sino para defender la vida y construir otras formas de habitar el planeta.

La ciencia todavía habla de posibilidades. La naturaleza todavía conserva capacidades de regeneración. Los pueblos todavía resisten, pero el margen se estrecha.

¿Estamos dispuestos a transformar esta realidad para permanecer vivos?

Porque sin agua, sin bosques, sin territorios habitables y sin planeta, nada de lo demás tiene sentido.

                                                                       *Docente investigador Universidad de San Buenaventura Medellin, parte de REDIPAZ e integrante Grupo Autónomo Kavilando.

Referencias

Global Witness. (2026). En 2025, al menos 124 personas defensoras del territorio y el ambiente fueron asesinadas en el mundo.
Global Witness. (2025). Al menos 146 personas defensoras del ambiente y el territorio fueron asesinadas o desaparecidas en el mundo en 2024.
Global Witness. (2024). Más de 2.100 personas defensoras de la tierra y el medioambiente asesinadas en el mundo entre 2012 y 2023.
Intergovernmental Panel on Climate Change. (2023). Climate Change 2023: Synthesis Report. IPCC.
World Meteorological Organization. (2025–2026). State of the Global Climate. WMO.
United Nations Environment Programme. (2026). Limiting Overshoot: Navigating exceedance of 1.5°C and pathways towards return. UNEP.

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