Ya había brisas de un resurgir de la lucha popular en Colombia: la batalla en Bucaramanga que dio al traste con la pretensión aniquiladora de entregar el páramo de Santurbán al arsénico y al mercurio de la multinacional canadiense Greystar; el levantamiento de los obreros de las contratistas y subcontratistas de la Pacific Rubiales, justamente encolerizados por la súper explotación; la batalla –silenciada por los monopolios de las comunicaciones- de miles de obreros de la palma en Santander y Cesar; las marchas de los educadores; las protestas del sector de la salud; la resistencia a la expoliación de las regalías; las repetidas protestas de los usuarios en la Costa, entre otras.