Expresamos profunda preocupación frente al creciente deterioro de las formas civilizadas de relacionamiento entre los Estados y entre los pueblos. Asistimos a una época en la que la diplomacia cede terreno ante la amenaza, la agresión y la desinformación; en la que la mentira organizada sustituye al diálogo; y en la que la fuerza pretende imponerse como lenguaje legítimo de la política internacional.