Por: Kavilando – Redipaz / Diez activistas del convoy humanitario Global Sumud Maghreb, que llevaba ayuda de urgencia a Gaza, fueron detenidos arbitrariamente en el este de Libia. Organizaciones exigen su inmediata liberación y garantías para su integridad.
Solidaridad internacional bajo asedio
Una vez más, los hilos de la geopolítica imperial y la inestabilidad regional intentan asfixiar la solidaridad internacionalista con el pueblo palestino.
El convoy humanitario Global Sumud Maghreb, una iniciativa civil transcontinental nacida para romper el cerco criminal y llevar ayuda de extrema urgencia a la Franja de Gaza, ha sido violentamente interrumpido. La organización denunció que la delegación internacional fue retenida de manera arbitraria tras cruzar el puesto de control militar 5+5, ubicado en el este de Libia.
Esta región, bajo el control de facciones militares que disputan el poder en el fragmentado país norteafricano, se convierte hoy en el escenario de una flagrante violación a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario. Entre las diez personas detenidas se encuentran los militantes argentinos Lucas Ezequiel Aguilera y María Paula Giménez, junto a representantes de Uruguay, España, Italia, Portugal, Polonia, Túnez y Estados Unidos.
Activistas que, con sus propios cuerpos, pretendían desafiar el bloqueo criminal que mantiene al pueblo de Gaza al borde de la hambruna programada.
La criminalización de la ternura de los pueblos
Desde una perspectiva soberana y de estricta defensa de los derechos de los pueblos, la detención de este convoy no es un hecho aislado ni un mero "trámite burocrático" de seguridad local, es un acto político de amedrentamiento. Cortar el paso a la ayuda humanitaria dirigida a una población víctima de un genocidio en tiempo real es, por extensión, ser cómplice por omisión o acción de ese mismo exterminio. El derecho internacional, consagrado en los Convenios de Ginebra, estipula de forma inequívoca la obligación de garantizar el libre tránsito y la seguridad de las misiones médicas y de asistencia humanitaria.
El arresto de estos activistas vulnera:
- El principio de neutralidad humanitaria, la delegación civil no representa fuerzas beligerantes; representa la voluntad de la sociedad civil global.
- La libertad de circulación, restringida bajo argumentos no claros por las milicias del este libio.
- El derecho a la vida, no solo de los brigadistas, cuya integridad física está en riesgo, sino de miles de palestinos que esperan los insumos que transportaban.
"La solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda mutua entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo", recordaba Samora Machel. Hoy, criminalizar esa solidaridad es el síntoma de un orden global deshumanizado donde se permite el tráfico de armas, pero se encarcela a los pueblos que llevan pan y medicinas.
La exigencia es clara y contundente: ¡Liberación inmediata y paso libre al convoy!
Redipaz y Kavilando se suma de manera categórica a la exigencia global de las organizaciones sociales y de derechos humanos. Responsabilizamos directamente a las autoridades de facto que controlan el este de Libia por la vida, la salud y la integridad física de los diez integrantes de la misión.
Exigimos a los gobiernos correspondientes, particularmente a las cancillerías de Argentina, Uruguay y España, que dejen de lado las tibiezas diplomáticas y actúen de urgencia para demandar información inmediata sobre el paradero exacto de sus ciudadanos.
La comunidad internacional no puede mirar hacia otro lado. Exigimos la apertura inmediata del puesto de control, la liberación incondicional de los brigadistas y las garantías plenas para que el convoy Global Sumud Maghreb continúe su marcha hacia Gaza. Salvar vidas no es un delito; el verdadero crimen es el silencio.
A continuación, compartimos el comunicado que circula en Redes y la identidad de quienes hoy sostienen la dignidad del mundo tras las rejas de la arbitrariedad:
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