En su antiutopía Nosotros, Evgeny Zamiatin imagina un mundo de rascacielos con paredes, techos y pisos de cristal, donde ningún acto pasa desapercibido para los demás. En 1984, de George Orwell, ubicuas pantallas de televisión inapagables nos espían. El utilitarista liberal Jeremy Bentham hizo construir elPanoptikon, cárcel aterradora en la cual todas las celdas pueden ser vigiladas por un solo guardia desde un punto de vista privilegiado. Somos reclusos de esas pesadillas: ninguno de nuestros actos puede ser ya ocultado ante observadores que nos escrutan detrás de espejos impenetrables. Saber es poder. Los espías conocen todo de nuestras llamadas telefónicas, correos, ingresos, gastos, hábitos de consumo, ideas, enfermedades, relaciones, ubicación. Micrófonos ultrasensibles podrían captar el monólogo interior que vocalizamos incluso cuando no hablamos, vale decir, nuestro pensamiento. Analizadores del ritmo cardíaco, del lenguaje corporal y de la expresión podrían acceder incluso a aquello de lo que no somos conscientes. Este flujo de información es unilateral. Espiar es poder. La guerra contra el terrorismo nos ha llevado al terror total.