Por la forma de llegar a la gente, por su manera sencilla de hablar, el papa Francisco marca una ruta en el papado, un nuevo estilo de relacionarse. En forma humilde pidió permiso a los brasileños para entrar a su país y permanecer una semana con ellos. Sabía de las protestas y manifestaciones de miles de personas por el alza del transporte, por el derroche en la preparación de la Copa Mundial de Futbol del próximo año e, incluso, por los gastos en el evento en que iba a participar. Los brasileños pedían más inversión en salud y en educación.