Cuando despuntó la ALBA -2004- eran tiempos de neoliberalismo recio y omnipresente. Las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) asumían la conducción económica y política de la región, su influencia se extendía a todos los campos. Las transnacionales y otros intereses privados cosechaban los privilegios que resultaban del achicamiento del Estado. El endeudamiento de los países era punto obligatorio e incontestable. El empobrecimiento y la falta de soberanía espesaban en sentido proporcional a los privilegios para el capital.