Una de las torpezas más notorias de JM Santos y que demuestra su talante ambiguo y tartamudeante, ha sido la de imponer como condición “sine qua non” para adelantar el proceso de paz en la Habana, un “esquema de negociar en medio de la guerra”, y simultáneamente o a la par, buscar por todos los medios posibles que se haga realidad la vieja obstinación del militarismo oligárquico colombiano de impedir que la insurgencia no combine (según la orientación leninista) todas las formas de lucha de masas. De masas, repito.