Por: Javier Del Arco Carabias
Vivimos bajo el imperio de la caducidad y la seducción, en el que el verdadero “Estado” es el dinero. Se trata de un tiempo post-histórico que ha abrazado de manera no consciente la cultura postmoderna desechando todo lo anterior como trastos viejos. Entre estos “trastos”, que ni siquiera son restos arqueológicos de poco valor sino basura, los más abultados son las Instituciones de los Estados Democráticos.