Frente a la crisis capitalista, las amenazas fascistas y el imperialismo, el Congreso de los Pueblos ratifica sus mandatos comunitarios en favor del poder popular, la defensa de la vida y la construcción de un proyecto de país con justicia social.
El Congreso de los Pueblos, movimiento social y político surgido en Colombia en 2010 como confluencia de diversos procesos comunitarios, campesinos, indígenas, afrodescendientes, urbanos y sindicales, celebró las deliberaciones de su XXXI Comisión Política. En un contexto regional y global atravesado por el avance de sectores de extrema derecha, tensiones geopolíticas y modelos económicos extractivistas, la organización emite este pronunciamiento estratégico para reafirmar la vigencia de la articulación desde abajo, la defensa de los bienes comunes y la soberanía popular frente a las dinámicas de despojo e inequidad estructural.
DECLARACIÓN POLÍTICA DE LA XXXI COMISIÓN POLÍTICA DEL CONGRESO DE LOS PUEBLOS DE COLOMBIA }
Cuando los Pueblos se juntan, la historia se mueve.
Los pueblos de Colombia y de Nuestra América, herederos de siglos de rebeldía, levantamos nuestra voz en tiempos de profundas desigualdades, amenazas, y de crisis de las condiciones que sustentan la vida misma en el planeta. El capitalismo es un modo de producción que promueve violentas relaciones humanas de explotación, despojo y opresión que pisotean la dignidad de los pobres del mundo, y es el responsable de la amenaza a la vida que hoy nos somete.
Como resultado de las discusiones de este evento político, reiteramos que el fin del capitalismo es un requisito para la continuidad de la vida, y que su derrota requerirá del compromiso de las generaciones de luchadores y luchadoras que hoy crece en el vientre de la rebeldía de los pueblos.
Le hablamos a nuestro amado país.
Desde campos, ciudades, ríos, costas, sabanas, los andes y los llanos; desde barrios populares, territorios campesinos, resguardos indígenas, consejos comunitarios afrodescendientes, sindicatos, organizaciones de trabajadores y trabajadoras informales, de mujeres y disidencias sexuales y de género, de viviendistas, de jóvenes, de estudiantes, desde los procesos anticarcelarios, desde las luchas por la defensa de la madre tierra y los bienes comunes, desde las organizaciones de víctimas, de presos políticos y sus familias. Les hablamos desde los lugares donde la vida resiste y donde los pueblos continúan construyendo futuro y sembrando los cimientos del poder popular.
Somos hijos e hijas de las luchas que durante décadas enfrentaron la exclusión, el racismo, el colonialismo, el patriarcado, la concentración de la tierra, la violencia política y el saqueo de los bienes comunes.
Nos inspiran las gestas de los comuneros, de Manuela Beltrán, de Bolívar, de Fidel y el Ché, de María Cano, de Raúl Eduardo Mahecha, de Gaitán y de Camilo; de todas las luchas que han defendido la dignidad humana de la explotación y la tiranía.
Reivindicamos las experiencias de articulación popular que conllevaron al nacimiento del Congreso de los Pueblos en el 2010, como ejemplo de la capacidad de las comunidades para construir mandatos colectivos, ejercer soberanía popular y proyectar caminos de transformación social desde abajo. Nuestros mandatos nacieron de la convicción profunda de que los pueblos no están condenados a obedecer un orden injusto, ni a ver la vida marchitarse por los intereses insaciables de unos pocos.
Nacimos para afirmar que el agua no es una mercancía; que la tierra debe cumplir una función social y estar al servicio de quienes la trabajan; que los territorios son espacios de vida y no para la explotación; que la democracia debe ser participación efectiva de las mayorías populares; que la paz solo será posible donde existan transformaciones estructurales; que la dignidad nos pertenece, sin sistemas que pongan en duda nuestra humanidad por razón de nuestra raza o nuestro género, y que el Buen Vivir constituye una alternativa civilizatoria urgente frente a la destrucción ambiental y humana que amenaza nuestro tiempo.
Hoy reafirmamos esos principios en medio de la amenazas fascista y genocida que crece en el mundo bajo el poder criminal del decadente imperialismo norteamericano y ante la mayor crisis capitalista de las dos últimas décadas. Amenaza que impacta a nuestro país a través del ilegitimo y subordinado proyecto de gobierno de Abelardo de La Espriella.
Para enfrentar este momento político, validamos y apoyamos las diferentes apuestas e iniciativas de unidad y alianzas impulsadas desde los procesos sociales y populares como frentes y articulaciones políticas y sociales que se proyectan para la organización y la lucha.
Entendemos que la unidad no significa uniformidad; significa reconocer nuestras diferencias para caminar juntos hacia objetivos comunes. Promovemos y defendemos los derechos y la organización de la clase trabajadora contra la voracidad capitalista y su lucha por un mundo sin explotadores y explotados.
Nos declaramos defensores del agua como patrimonio de los pueblos y de la naturaleza, su defensa será el pilar de nuestra lucha. Ningún interés económico puede estar por encima del derecho colectivo a preservar los ecosistemas estratégicos, y nuestra misión es protegerlos para las generaciones presentes y futuras. Defendemos la tierra y los territorios.
Reclamamos una Reforma Agraria Integral y Popular que garantice el acceso democrático a la tierra, que fortalezca la economía campesina, reconozca los derechos territoriales de los pueblos indígenas y afrodescendientes y que asegure la soberanía alimentaria de nuestras naciones.
Así mismo, una Reforma Urbana Integral y Popular que le haga frente al actual modelo de ciudad mercantilizada al servicio del gran capital, y se construya en beneficio de las grandes mayorías empobrecidas.
Defendemos la vida en todas sus expresiones.
Rechazamos la violencia que durante décadas ha golpeado a millones de personas; reconocemos la dignidad de las víctimas.
Por tanto, el fortalecimiento de los procesos que defienden los DDHH y la Paz son prioridad ante la amenaza de la ultraderecha y el fascismo que hoy se ciernen sobre nuestros pueblos. La Paz se compone de memoria, verdad, justicia y garantías de no repetición, pero también de transformaciones, superación de las desigualdades estructurales convertidas en fuente de las guerras que han teñido de sangre nuestros territorios y contaminado de rabia y dolor nuestros espíritus solidarios.
Promovemos la construcción de Poder Popular como ejercicio legítimo de autodeterminación de los pueblos. Tenemos derecho a organizarnos, deliberar, decidir y gobernar sobre los asuntos que afectan nuestras vidas. Impulsamos una economía al servicio de la vida.
Frente a la concentración de la riqueza y al empobrecimiento de millones de personas, proponemos modelos económicos basados en la solidaridad, la cooperación, el trabajo digno, la redistribución de la riqueza y el respeto por la naturaleza. La soberanía alimentaria nos hará libres y será una lanza para erradicar al monstruo del hambre y la miseria. Defendemos la integración de los pueblos de Nuestra América.
La unidad continental constituye una herramienta estratégica para enfrentar las desigualdades, defender la soberanía, construir relaciones internacionales basadas en la cooperación, la paz y la justicia; además, será la mayor barrera de contención contra el imperialismo. Esta lucha acompañará y se comprometerá con los pueblos del mundo que se rebelen contra todo poder que intente despojarles de lo común, y arrebatarles el derecho de decidir colectivamente su destino.
En este momento histórico donde la clase capitalista potencia la fuerza genocida del imperialismo sobre las naciones dignas que resisten, convocamos a los pueblos del continente a renovar la esperanza organizada. Convocamos a prepararnos para la protección y defensa de los logros que las clases populares hemos conquistado con lucha y movilización; a la formación y cualificación para la lucha contra los explotadores en todos los escenarios, incluidos los digitales y análogos; a fortalecer los procesos y las banderas anticapitalistas, antimperialistas y antifascistas; a rebelarse frente a toda forma de opresión.
Convocamos, como Congreso de los Pueblos, a reforzar los procesos comunitarios, constituirnos en Asambleas Populares y formas de gobierno propio, para el impulso de un sistema de gestión y economía popular, la construcción de tecnologías libres y propias, la descolonización y despatriarcalización de nuestros procesos y territorios, a luchar por la liberación y las iniciativas de defensa ambiental y territorial.
Desde la Colombia rebelde, corazón de múltiples resistencias y esperanzas, extendemos nuestra mano fraterna a todos los pueblos de Nuestra América y del mundo. Creemos en la fuerza colectiva e incontenible de quienes no renuncian a la dignidad. Porque los pueblos vencerán. Porque la lucha por la vida y la revolución guiará nuestro camino.
Porque Nuestra América seguirá caminando la palabra hasta alcanzar su emancipación.
¡¡Contra el fascismo y el imperialismo: Movilización y Construcción de Poder Popular!!
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