Por: Alfonso Insuasty Rodríguez* / En Colombia, defender los derechos humanos sigue costando la vida. Tras el Acuerdo de Paz de 2016, la violencia no cesa, se ha transformado. Sin desmontar las estructuras de poder, élites, extractivismo e impunidad, la paz deviene promesa vacía y la guerra se recicla, como advierte el reciente informe (2022–2025) de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

¿Se puede hablar de paz urbana sin tocar a las élites? En este fragmento del Segundo Encuentro Internacional sobre Paz Urbana, Alfonso lanza una reflexión incómoda pero necesaria: mientras los reflectores apuntan a los actores criminales de los barrios, las grandes mafias que articulan lo legal y lo ilegal siguen operando impunemente desde arriba. 

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